Parte 8: La maratón también es mental
Habiendo sacado los 25k, todo apuntaba ahora a desbloquear los 28k, considerando que el año pasado el fondo de esa distancia no lo pude completar por los calambres pero de salto subí a los 30K y ahí pude soltar algo. No obstante, la confianza y los buenos resultados de los entrenamientos ayudaban bastante.
Se debía comenzar el camino al próximo control sacando las tareas, aunque habían instancias en las que el tiempo no ayudaba mucho y como la presencialidad en la oficina ya era algo que estaba a a orden del día, ya el margen de las dobles jornadas no podía hacerlas como esperaba (trote AM y fortalecimiento en la tarde).
Sin embargo, me las tenía que arreglar y aún así podía cumplir con las tareas, algo que fue tónica hasta la última parte del proceso, siempre privilegiando la carga de kilómetros.
El primer fin de semana entre estos largos comprendió sacar repeticiones en un tramo bien complicado como es la subida de Gabriela Mistral en el cerro. El objetivo era cumplir con 5 repeticiones y se pudo sacar, con un alto en la tercera tanda para hidratarse, lo cual ayudó anímicamente ya que si hubiera parado una vuelta antes, las tres que venían iban a convertirse en un calvario. Por fortuna, sólo quedaron dos post hidratación y se siguió machacando.
Este tramo, ya comprendía la mitad del proceso, por lo que ya todo lo que viniese después era poner cuotas de confianzas y centrar los objetivos. El problema, el tiempo, en un escenario no muy positivo, pero aún con el ímpetu de que cada paso que daba para mi meta iba ser valioso.
Ya comenzaban los primeros análisis y se vislumbraba mucho mejor que lo sucedido el año pasado, había optimismo, y de sobra, tanto e así que el largo del fin de semana que correspondía a los 20k, los hice con el grupo de avanzada y una de las pacers que tuve el año anterior y que al seguirle su ritmo, terminaba muy exigido.
Sin embargo, en esta oportunidad el descenlace fue bueno, cumpliendo de la mejor forma los 20k. Un dato no menor es que la pacer que me acompañó en la ruta llevaba varios años ascendiendo cerros y al provenir de una zona de altura -desde el Cuzco- su capacidad de oxigenación es mucho mejor que la de una persona que recién llevaba más de 5 años corriendo y que previo a decidirse por el running tenía pésimos hábitos, como eran comer en exceso y fumar (aunque sea en carretes, pero igual era nocivo).
Quiero detenerme en este punto, porque cuando decidí ponerme las zapatillas y correr estaba en un momento en que realmente había que empezar a tomar ciertas medidas. Si no carreteaba me quedaba en la casa y no hacía mucho por lo que era literalmente un sedentario en potencia. Me mantenía en un rango sobre los 85 kilos y consideré necesario ver un especialista, en este caso, una nutricionista, quien me había recomendado, además de una pauta estándar de dieta, sumar ejercicios.
En un comienzo, caminaba desde mi casa a Gran Avenida y buscaba sumar algo de distancia, para completar al menos 2,5 kilómetros, luego con el paso de las semanas, iba aumentando al intensidad de las caminatas y llegué a sumar trote cada 500 metros hasta que dije "vamos nomas" y me puse a correr ese trayecto. Esto fue por mediados del año 2017.
Ya al empezar a tomar estos hábitos, las fiestas se fueron distanciando más y de hecho, después que asistí a mi primera carrera, en diciembre de 2027, en una que organizaron en favor de la donación, ya podía sumar nuevos trotes.
En ese tiempo, en la oficina había un gerente que incentivó a parte de la oficina a prepararse para los 10k de la Maratón de Santiago en 2018, guante que varios de la empresa, incluyéndome, recogimos. Un proceso de varias semanas de entrenamiento hasta que en abril de dicho año oficialmente hice mi primera carrera de 10 kilómetros.
Si bien seguía subido de peso, por lo menos ya me sentía más ágil y podía ir a otras corridas. Desde luego que ya no estaban las fiestas a la orden del día así es que el running pasó a ser principalmente el panorama de fin de semana. Lo demás, ya es cuento que entraré en detalle en otro capítulo.
Pero ya retomando el hilo de mi proceso actual, y con la ya clara imposibilidad de poder tomar los trotes AM en los días de doble rutina, y trasladarlos lisa y llanamente a la tarde, seguí avanzando hasta los largos de fin de semana, siendo la semana previa al control de 28k un fondo de 16 kilómetros.
En esta oportunidad, al no contar con la presencia de los "elite", y como tampoco quería hacer mi largo solo, acompañé al resto del equipo. Hay que reconocer que mis acompañantes de este largo iban mejorando constantemente su nivel y eso ayudó mucho a que mi trote tuviera la intensidad necesaria para abordar lo que vendría el fin de semana siguiente, además que iba tomando lecciones del mes anterior, para no llegar fundido.
Se cumplió de la mejor manera y me permitió sacar posteriormente un domingo una rutina de 14 kilómetros, tomando la ruta de Américo Vespucio desde la Rotonda Grecia hasta Costanera Center. Allí empecé a darme cuenta de otros aspectos que no me había fijado y comparé lo que había hecho en esa ruta con respecto al mismo trayecto en la maratón pasada. Los ritmos y principalmente las frecuencias eran mejores.
En mayo de 2022 había hecho ese trayecto a un ritmo de 6:18 pero a 176 pulsaciones por minuto (ppm), prácticamente en zona alta. Esta vez, si bien la hice 2 minutos más lento, la saqué a 134 ppm. Ahora bien, la salvedad del año anterior fue que ya llevaba varios kilómetros encima y en esta vez había partido en la rotonda como kilómetro 0. No obstante, sigue siendo una referencia respecto del avance, porque esa subida no la tuve que forzar tanto y el resultado fue cercano. Esto sólo acrecentó mi confianza.
Ya en la semana del control, me había pedido esos días una para llegar descansado a este fondo y dos, porque debía cerrar un curso de Analítica que había tomando en los meses posteriores. Toda una semana para sacar el trabajo final de 30 hojas, explicando paso a paso el proyecto final, que posteriormente terminó de la mejor manera.
En cuanto al proceso de maratón, las dobles jornadas las pude hacer bien, incluso acompañando al equipo que acudía de manera presencial al fortalecimiento. Ya había margen para poder hacer la semana de la mejor forma y sin mayor presiones, sólo lo correspondiente al trabajo final del curso.
Así, con esta preparación, llegó el sábado de control. Partimos desde el Parque O'Higgins, donde es el punto inicial de la maratón propiamente tal, y sacamos parte de la ruta hasta cumplir los 28k de regreso en el mismo lugar.
La primera parte de la ruta, enfocado en controlar el ritmo, Pablo y José fueron mis pacers y estuvimos marcando el ritmo en esos primeros kilómetros, bancándose la subida por Grecia. Ya en ese trayecto, debía continuar con el ritmo. Y saltó el primer error, dejando pasar mucho rato en tomar mi primer gel, considerando que debía consumirlo en el kilómetro 7, lo tomé cerca del 9.
Lo que sí, no dejé de hidratarme, ya en ese tramo llevaba tomando sorbos de isotómica por cada 2,5 kilómetros desde la mochila. Entonces, no quedaba otra que avanzar y llegar al kilómetro 10 en la rotonda Grecia, donde se pudo parar un instante para hidratarse y continuar con la subida por Américo Vespucio.
Ya había analizado la ruta y sabía que en Vespucio con Bilbao debíamos cambiar y hacer el retorno. El ritmo ya iba bien y se sentía muy bien la subida, y eso que estaba a un ritmo de 5:25. A un par de cuadras del retorno, llegó otro error que, sí o sí, no debió ni debe ocurrir nunca. Un tipo en una furgoneta necesitó que lo empujáramos para salir a Vespucio. José y yo lo ayudamos y ahí pudo salir, pero había que continuar con el control. Eso implicó unas pérdidas de tiempo y de fuerza innecesarias.
Ya en Bilbao, continué avanzando, pero preocupado de que no cambiara tanto los ritmos. Ya en la plaza de Pocuro con Tobalaba me encuentro con Pablo, quien ya había tomado un ritmo más fuerte y con un kilómetro adicional. Paré a tomarme el gel (kilómetro 15,5) y emprendimos la bajada de retorno.
El ritmo ya era más fuerte pero era sostenible. Bajamos por Pocuro, Antonio Varas hasta retomar Grecia. Allí nuevamente avancé con mi ritmo y lo que me llamó la atención fue que no se vislumbraba una bajada. Lo que sí, en Grecia ya tenía claro que esto era netamente una carrera donde lo mental era clave.
Nuevo gel en el kilómetro 22 y me aproximaba a Matta, donde los semáforos hicieron lo suyo, frenándome en reiteradas ocasiones. Esto no debía sacarme del foco, por lo que continué con el ritmo que llevaba y sólo pensaba en llegar al kilómetro 28, no tenía otra cosa en mis objetivos.
La mente me apoyó bastante en este trayecto, principalmente cuando llegué al Parque O'Higgins para hacer el cierre. Allí veo a las compañeras que estaban cerrando su preparación para la Media Maratón y fue como volver a sacar fuerzas para concluir este control, el cual se terminó con un tiempo de 2:25:53.
Lo importante fueron las conclusiones, debía seguir con un ritmo tal como el que empleé en la subida por Vespucio si busco cerrar bien la maratón y no sacarme del foco del ritmo, además de no considerar elementos distractorios que sólo quitan tiempo y fuerzas.
Esto sería clave para la gran carrera de mayo.
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