Parte 3: El osito y el Maule me permitieron aguantar rendimiento

Las sensaciones en los trotes iban mejorando de forma constante. Y lo que había sucedido en Buenos Aires y en los 10K de la TPS en Valparaíso empezaron a marcar una confianza para lo que esperaba hacer en noviembre del 2022 en Viña del Mar, donde esperaba hacer lo que consideraba mi "Mejor 21K de la Historia 2.0".

Esto, debido a que mi mejor marca en los 21K eran de 1h 45 minutos, que conseguí en marzo de 2020 en la Saucony, la última prueba que quedó habilitada antes de los confinamientos de la pandemia. Entonces, lo que buscaba era mejorar ese registro, o por lo menos acercarme a ello.

Para ello, había que regresar al cerro, hacer los fondos necesarios para seguir potenciando las piernas y el esfuerzo, porque no había que soltar ni dejar de avanzar. De verdad era muy necesario, para conseguir el objetivo, no dejar de trabajar en ello, y aprovechar todo lo necesario que se me entregaba para que los resultados llegaran.

Fortalecer, aprovechar los días de velocidad y los trotes, además de lidiar con algunos aspectos coyunturales, eran el pan de cada semana. Pero en mi mente estaba sólo el querer sacar un tremendo 21K, pero había que ratificar todo ello con creces.

Y así, sin pensarlo, llegó un control de 18K, donde a un compañero de equipo (Felipe) y a mí nos pidieron apoyar una de las vueltas de otro de los rápidos del equipo que iba a correr en Chicago. Honestamente estaba con miedo, porque no sabía si estaba en condiciones de seguir el ritmo del equipo que estaba apoyando a este maratonista, pero como dicen, si tienes miedo, hazlo con miedo.


En fin, hubo un ritmo fuerte, porque quienes estaban en este pelotón sacaron una velocidad fuerte, y lo que temía era regresar a los fantasmas del pasado, donde los calambres hicieron harto efecto. Si bien se pudo sostener en gran parte de la ruta, me sorprendió el que pudiera conseguirlo. El coach me comentaba que si esto lo podía mantener, podía sacar mi mejor 21K, lo que abrió ese apetito, esas ganas de convertir esa frase en hechos.

Y de hecho era así porque si lo proyectaba, considerando que los 18,3 kilómetros los saqué en 1 hora 29 minutos, lo que promediaba un ritmo de 4 minutos 52 segundos/kilómetro. Calculando en frío, y considerando que me quedaban 3 kilómetros, sumando 14 minutos 36 segundos... llegaba a 1 hora 34 minutos, y con ello bajaba mi mejor 21K.

¿Y qué debía hacer para traspasar estas proyecciones a los hechos? seguir trabajando y acrecentando la confianza. Y se venía un desafío muy bueno, como lo fue la Global Race, la "carrera del osito". Unos 10K donde el primer tramo era en subida y luego había que aprovechar la bajada del desnivel para acelerar. 

Seguían los temores individuales, y preferí partir más atrás en la línea de partida. De hecho, comencé junto al grupo de maratonistas que iban a hacer sus primeros 42K en Viña del Mar. Pero el entrenador me pidió acelerar el tranco, considerando que mi ritmo debía ser más alto, y eso fue clave.

Ese empujón inicial incidió en lo que ocurrió en esa carrera. Me sacaron de mi zona de confort y eso fue la punta de lanza para lo que ocurrió. Solté y saqué lo mejor que tenía en ese entonces, pude sacar la subida sin mayor contratiempo y luego busqué mantener un ritmo fuerte en la bajada y finalmente atacar el tramo final.


Resultado: saqué los casi 10K en 44 minutos y fracción, de lo mejorcito que saqué en el running hasta entonces. Un envión de confianza importante y la sensación de que iba "in cresciendo" de cara a Viña del Mar.

Todo pintaba muy bien... pero... un resfrío que pasó a sinusitis me volvió a jugar una mala pasada, condicionándome las siguientes semanas. No podía creer que esto me iba a perjudicar, y más encima tan cerca de mi objetivo. No quedó otra que atacarlo con antibióticos y sólo así, pude llegar mejor a lo que se venía prontamente: los 10K de la Maratón del Maule.

Ya de cara a la prueba en Curicó, sólo quedaba mirar lo que pasaba allí. Con las Roomies (Shole, Gisse y Clau) volvimos a partir a este desafío. Un taco infernal nos jugó una mala pasada y una ruta que debía hacerse en un poco más de 2 horas nos tomó casi buena parte de la tarde, alcanzando a llegar a buscar el kit, comer y comprar lo necesario para estar esos días.

Sin embargo, allí empezó a aparecer algo que no tenía considerado: la timidez, una mala compañera que ha estado conmigo bastante tiempo y que me impedía pedir las cosas, dejándome con un halo de inseguridad para cualquier situación. De hecho, dudaba demasiado, sobretodo a la hora de compartir la mesa a la hora de comer. Ese Pedro que quería enterrar por harto tiempo se levantó. Ese fantasma no debía aparecer, pero debía borrarlo.

No obstante ese elemento, había que darle con la carrera. Para ello, debíamos dirigirnos a Romeral, pueblo distante a unos 10 a 11 kilómetros de Curicó, donde partía precisamente la distancia en la que íbamos a estar.

Llegamos a ese lugar y nos encontramos con los compañeros del club que entrenan en Concepción, que muy amistosamente nos invitaron a hacer el trabajo de calentamiento y que nos tomáramos una foto con ellos. 

Luego, partió la carrera, había que soltar y tomar ritmo tan pronto fuera posible. De hecho, partimos junto a Nelson, uno de nuestros compañeros que se motivó en esta carrera, pero que iba retomando dado que estaba con todo con la evaluación docente.

Sin embargo, le metí con todo en ese recorrido y conforme iba avanzando, me iba encontrando con parte del equipo que iba sacando sus 21K. En ese entonces, ya iba sacando los 4:30 min/km e incluso podía ir mejor.

Pero toda carrera tenía su anécdota y resulta que un fulano se me pegó atrás y sentí sus pasos muy cerca... eso me desconcentró y opté por dejarlo pasar. La respuesta me dejó más perplejo aún: "es que me estás cubriendo el viento"... perdón pero, hay que ser muy caradura para hacer eso. No dije nada y seguí con mi ritmo.

Claro que otro chico me tomó como referencia y optó por sacar la carrera a mi ritmo, y si se quedaba atrás, buscaba retomar para alcanzarme. En los tramos finales aceleró, pero en realidad eso me daba lo mismo -o como dicen en Argentina, "me chupaba un huevo"- porque yo iba por lo mío, sacar una carrera que me entregara más confianza para Viña.

Eso de que alguien se podía apegar a tu ritmo no era novedad, y me acordé preciosamente lo que en su momento comentó Pato, uno de los runner del equipo de Viña del Mar, que tuvo una experiencia similar en una maratón, cuando un fulano se le apegó a su ritmo.


Como la carrera prácticamente era en descenso en altimetría, el ritmo fue increíble, terminé promediando bajo los 4:30/km, y lo mejor de todo es que pude mantenerlo en buena pare del recorrido, pudiendo completar la carrera a un ritmo prácticamente brutal para lo que venía haciendo. 

De verdad me sorprendí muchísimo porque nunca pensé en sacar un ritmo tan fuerte en una carrera y que lo mantuviera constante, mucho mejor. Se estaba creando un "monstruo", pero además estaba consciente de que había que guardar las proporciones. Sin embargo, esto sólo alimentó las ganas de ir por el premio mayor en noviembre, donde tenía que ratificar todo este avance.

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