Parte 7: El punto de inflexión

Las gratas sensaciones del primer control maratoniano había que canalizarlas. También es cierto que se debían corregir algunos aspectos, tales como las pulsaciones y la postura corporal. Todo esto es clave para avanzar en el proceso, ya que inciden plenamente en el resultado.

Se revisó por donde atacar estos factores y, lo principal, había que retomar el trote en zonas bajas. No se puede forzar el trote ni el cuerpo con ritmos altos, por mejor que me sintiera, ya que tenía que asimilar sí o sí la experiencia del proceso maratoniano anterior.



Hay que considerar lo siguiente. Esto es igual que subirse a un auto. Si siempre le pongo tercera o cuarta al vehículo, van a hacer mecanismos que no funcionarán bien posteriormente e incidirá en el rendimiento del motor.

Dicho en simple, si siempre le "meto chala", iba a terminar fundiéndome y en una maratón eso es nocivo. Ya viví el no poder completar una carrera y tengo que aprovechar esta nueva oportunidad para no farreármela y poder sacar la maratón de la mejor manera.

Dicho esto, ya los fondos siguientes fueron de corrección, y así estaba avanzando. Arreglando la postura, para no ir tan encorvado y levantando más las piernas en el trote. Además de trabajar la hidratación cada 2 kilómetros, considerando que la distancia de una vuelta a El Sombrero es similar a ese tramo y cada vez que se terminaba la vuelta había que consumir agua.

Todo bien hasta... el anuncio de los incendios que afectaron el sector centro del país y, por supuesto, el que el humo llegara a la capital. Todo esto condicionó el trabajo de la semana, donde poco o nada se pudo hacer. Las autoridades habían prohibido hacer ejercicios durante los días de alta exposición de partículas, por lo que tocó monitorear el estado del aire y ver cómo podía llegar al fin de semana.

Ya al ver que el sábado estaba más aliviado, había que retomar el entrenamiento. Tocaban 20 kilómetros en el cerro, en un trayecto de 5 kilómetros, por lo cual implicaba dos vueltas (entrada Pedro de Valdivia hacia La Pirámide, ida y vuelta, dos veces).

Si bien partí de buena forma, hubo diversos errores que se manifestaron y que incidieron en el transcurso de la ruta. Ir a un ritmo alto sin haber trabajado toda la semana, no hidratarse adecuadamente conforme mi realidad (cada 5 kilómetros tomaba agua, cuando usualmente debería hacerlo cada 2 o 3 kilómetros) y no haber consumido geles en la mitad del trayecto.

Todas estas acciones llevaron como consecuencia que en el kilómetro 17 ya no tenía piernas para seguir y me costaba mantener un ritmo, volviendo a la cabeza los fantasmas de la maratón pasada, bajando fuertemente el ritmo y llegando con las piernas molestas. Posiblemente, cerca de acalambrarse, y eso no era lo que estaba buscando. O sea, llegué prácticamente fundido a los 20 kilómetros, y todo esto a una semana del nuevo control.



El día siguiente decidí sacudir el tablero y aproveché de salir a trotar los 10 kilómetros del día por la ruta de Américo Vespucio desde Grecia hasta el Club de Polo. Lo más suave posible para poder llegar bien a la semana siguiente.

Me apegué a las pulsaciones y marché a una velocidad más calmada. El objetivo era cumplir la ruta y preparar este trayecto que incidió claramente en el resultado de la maratón pasada. Como flashback, en la maratón de año pasado, cuando estaba en Vespucio, cerca de la Escuela Militar, ya sentía las piernas con corriente, llamando a los calambres, me sentía demasiado exigido, a pesar de que iba a un ritmo más bajo que lo que estoy trabajando actualmente.

Pude sacar el trote, lo hice muy bien y me permitió revertir un poco las sensaciones del día anterior, por lo que sólo quedaba trabajar de cara al control de 25 kilómetros.

La semana del control ya fue otra cosa, enfocarme en cómo sacar la distancia, qué ruta iba a proponerse y cómo podría trabajarla. Todo de cara a este resultado.

Los días previos fueron de cuidarse con harta hidratación y reforzamiento de los carbos y frutas. Los resguardos para que el control saliera bien estaban a la orden del día. Sólo quedaba mirar y analizar por donde abordar el trote.

Ese fin de semana había que abastecerse de isotónicas, plátano y geles, todo para hacer una gran carrera, buscar relajarse y sólo atinar a ordenar las cosas para sólo salir el domingo, vestirse y aperarse con todo para el control. Por supuesto, que el reloj quedara cargado.

Ese día se llegó temprano, esperando que el resto del equipo que iba a participar en el control se hiciera presente. No más bastó para que partiéramos y ya había que abordar la ruta, bajando desde Antonio Varas hasta Grecia y de allí hasta Vespucio. Todo ese trayecto, me preocupé de mirar el reloj y de que no se me escaparan las pulsaciones, tenía que llevarlas a un ritmo de 160 a lo más y si veía que subía de ese rango trataba de manejar la respiración y bajar la velocidad.

Ya en Vespucio, había que poner el freno de mano, para mantener a raya el ritmo, y fue así como en todo el trayecto no solté las 160 ppm como ritmo lo más cercano a la comodidad, hasta que se llegó a la parte final de este ramo, que fue todo en subida y manteniéndome.

La bajada era por Costanera, hasta el Parquie Bicentenario, donde había que bajar por el Mestizo hasta la vereda que da al frontis de la Municipalidad de Vitacura, o sea, la ruta maratón. Allí se paró un poco para tomar agua, aunque yo llevaba la mochila y cada 2 o 3 kilómetros ya iba consumiendo líquido, por lo que iba bien.

En ese sector el parque pude soltar y en ese trayecto nos acompañó Franklim, uno de los maratonistas que iba retomando el trote tras una lesión, y pude seguir su ritmo hasta la bajada por Andrés Bello,  donde llegamos hasta cerca de La Concepción, y luego retomar hasta Los Leones, donde tomamos ruta hasta Pocuro y de allí a la plaza Inés de Suárez, donde cerraba los 25K.

Terminé muy bien ese largo, y a diferencia del mismo largo del año anterior, si bien me exigí, no terminé con calambres y pude proyectar mi ruta futura.El traspié de la semana anterior fue. sin duda. un buen punto de inflexión para lo que venía sucediendo.

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