Parte 1: Desde Mayo al regreso del primer frenazo en invierno

En mayo de 2022 se intentó completar la Maratón de Santiago, y estuve muy cerca. Esta vez, la situación es diferente. Y con la experiencia de esa carrera, hay muchos aspectos que pude sacar en limpio, y que sin duda serán la base para este nuevo proceso que comienza pronto y que espero que concluya de la mejor forma este 14 de mayo. 

Uno de ellos fue el bajar de peso. En Mayo de 2022, corrí la distancia madre con 83 kilos, ciertamente eso incidió en todos los aspectos que conllevaron a que en el kilómetro 40 me desplomara por los calambres (deshidratación y fatiga, principalmente). El cargar con un peso mayor, en relación a mi estatura (1,68 m), ciertamente era un punto a considerar para mejoras.

Así se entendió y a las semanas después de este evento, decidí que era imprescindible contar con una ayuda profesional, una nutricionista, la cual tras solicitarme una serie de exámenes, me estableció una pauta a seguir. Claramente fueron muchos los puntos que tomé en cuenta de esta pauta y la llevé a cabo.

Iba muy bien, sobre todo con lo relacionado al entrenamiento. Ya había conversado con mi entrenador -luego de un complicado 10K en la Corrida de Providencia- y me sugirió tomar el segundo semestre la preparación para los 21K, principalmente para lo que se venía en esa etapa, que era la Maratón de Viña del Mar. No hubo objeción alguna, ya que era mejor ir más tranquilo en este nuevo proceso.



De a poco iba viendo cosas que me estaban apuntando a un buen rendimiento. Al poco andar ya estaba inscrito para correr los 21K de Buenos Aires, y allí sólo esperaba completar la carrera en un tiempo de 2 horas, no aspiraba a más, tomando en cuanta que no estaba con ritmos para hacer algo mayor. Además que todavía estaba el miedo de que pudiera pasar algo (calambres o fatiga).

Pero intentaba retomar las confianzas, las subidas al cerro, una visita a la pista y algunos trotes de intervalos me estaban señalando que iba por un buen camino, y de hecho, ya en una de las actividades en junio ya estaba tomando forma y se podía visualizar algo bueno.



Pero.... el invierno me recordó que era una estación sin piedad y tuve que parar. Una semana sin trote y luego otra a punta de ejercicios de fortalecimiento en casa me hicieron dar un paso atrás. Sí, lo sé, para mí esto es una constante de querer ver mis mejoras, pero en esta pasada sabía que no podía ser.

Se retomó, y ya había que seguir trabajando. Buenos Aires estaba a la vuelta de la esquina y so había tiempo que perder. Y entre medio, empecé a notar algunos aspectos. Ya cercano a la experiencia en tierras argentinas, había bajado 3 kilos y ya podía sentir que llegaba a esa carrera con menos de 80 kilos. Eso era un gran indicador, porque al bajar algunos kilos iba mejorando el rendimiento y no se cargaba tanto peso, que a la larga jugaría en contra.

Volvió el cerro y traté de ir suave pero con la intención de ir regresando a lo que era, los efectos de la para invernal había que aminorarlos y sólo quedaba ir con pulsaciones y trabajo de respiración apropiados, solo así se podía retomar.

Hubo una prueba de resistencia en el Parque O'Higgins, dicho lugar lo tenía bien presente y sólo quería desafiarlo. Había que sacar unos 10k sin parar pero a buen ritmo, y pude hacerlo, claro que con algunas complicaciones, considerando que retomaba hace poco, pero sólo quería saber cómo estaba y cómo tenía que seguir. Finalmente salieron 11k pero terminé muy conforme.



Esa sensación fue clave para uno de los largos mensuales, el cual lo hice con el grupo con el que siempre nos juntamos y conversamos. Ahí noté ciertas cosas, iba al ritmo con todos pero ya con zonas de pulsaciones más bajas, producto de lo que estaba trabajando en ese entonces y aún con el hábito que hice cuando preparé la maratón a principios de año. El resultado, los 20 kilómetros pegadas las 2 horas, y ya se veía un buen presente para lo que se venía en Buenos Aires, lo cual hablaremos en otra entrada.




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